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20-V-2007 Atravesamos el pueblo en dirección norte hasta alcanzar un alto en las afueras de Lumajo desde donde divisamos toda la cuenca superior del valle de Almorraza, cuya belleza nos sorprenderá gratamente si tenemos en cuenta el desangelado y desgarrado paisaje industrial que hace solamente unos pocos minutos dejamos atrás cerca de Villaseca. La pista se adentra en el valle, pero en seguida cogemos un ramal que sale a la izquierda para cruzar el río y luego seguir al lado de los prados que ocupan el fondo del valle. Al llegar a una portilla metálica a mano izquierda una pista sale también por la izquierda y entra en unos prados. Éstos, por supuesto, son de siega, y si la hierba todavía no se ha cortado, no podremos cruzarlos. Entonces, será necesario variar nuestro itinerario, siguiendo la pista principal unos minutos más hacia el norte hasta donde sea posible subir por la ladera a la izquierda sin entrar en las fincas. Sea cual sea la opción que sigamos, subimos hasta una cuadra bastante grande, hecha por desgracia de materiales modernos que desentonan bastante con el entorno. Es una pena ver cómo la modernización de las malheridas economías de estas montañas no tiene un hueco para la estética tradicional, aunque recurrir a lo más barato es del todo comprensible si nos ponemos en el lugar de los ganaderos locales. Desde la cuadra una pequeña senda nos lleva primero a una cabaña abandonada y luego a un collado entre grandes matos de escobas. Desde aquí subimos incómodamente hacia el oeste por una ladera que también está cubierta de escobas, hasta ganar una cómoda senda que nos conduce hacia la izquierda. En seguida alcanzamos una segunda cuadra, esta vez de materiales tradicionales, al otro lado de la cual hay un prado amurallado. Según nuestro mapa, éste se llama el Prau del Toro, aunque es poco probable que el animal en cuestión esté presente, así que sin miedo rodeamos el muro por la izquierda hasta donde vemos, al suroeste, un marcado collado, el punto al que subiremos para ponernos en la cresta principal del Muxivén. Las escobas entorpecerán la subida por el pequeño arroyo que desciende del collado, pero las magníficas gencianas que pueblan la zona recompensarán las incomodidades, que por otra parte terminan repentinamente en el Collado La Bobia. Desde el collado giramos al sur y seguimos la cresta, que muy pronto nos regala unas espléndidas vistas de Lumajo. La cumbre del Muxivén Central se alcanza desde la Muxivén Norte con un paseo sencillo pero entretenido por la cresta. Una vez instalados en la cumbre central, si todavía no lo hemos hecho, sacaremos un mapa de León para descifrar todo lo que nos rodea, que no es poco. Cuando lleguemos a la cima del Muxivén Sur, veremos también un poco de la geología industrial de la zona. Ésta aparece en forma de una inmensa sima de carbón que se percibe primero a lo lejos hacia el sudeste. La sima reaparece al final de los valles de Sousas y Mozarra como terreno «recuperado». Claramente estamos contemplando una antigua zona de minería a cielo abierto; sólo podemos reflexionar acerca de la soberbia del hombre. ¡Como si unas cuantas colinas «de diseño» pudiesen constituir una recuperación de lo que los procesos geológicos naturales han tardado millones de años en construir! Por desgracia, la sima sigue hacia el oeste, completamente visible ahora en una mina todavía activa, aunque detrás de ésta percibiremos un nuevo desastre ecológico en la forma de las pistas de la estación de esquí de Leitariegos. La zona de Leitariegos, debe recordarse, es netamente osera, y no se explica fácilmente cómo una explotación turística de este tipo puede ser compatible con la conservación del hábitat del oso pardo. Bajando desde la cumbre sur alcanzamos un gran collado herboso justo al norte de La Cerra. Desde aquí podemos seguir una pista hasta la carretera entre Lumajo y Villaseca, pero resulta más entretenido salir de la pista en el primer recodo para cruzar primero una pequeña finca y luego un tramo de monte y brezo. Cuando llegamos a ver las casas de Lumajo de nuevo, sólo nos queda localizar el viejo camino que une Las Rozas con el pueblo, y así terminar una ruta que hará las delicias de los geólogos del grupo.
Ésta es una descripción aproximada de la actividad a realizar, basada en la bibliografía que se cita a continuación. Puede haber alguna variación entre el recorrido aquí descrito y el que se efectúe al llevarla a cabo. La documentación necesaria para la confección de esta página se ha obtenido en el libro "Por la Cordillera Cantábrica" de Robin Walker (Ediciones Trea). Aunque ésta no se usa en ningún caso con fines lucrativos, si alguien se siente perjudicado por la difusión de la misma, rogamos nos lo comunique y la retiraremos de inmediato. |
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