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16-IV-2006 Desde el cruce junto al puente debajo de la autopista avanzamos por el valle del arroyo de la Fuentona, pasando por el pueblo de la Vega de Robledo, para llegar después a Robledo de Caldas, que descansa al abrigo del circo de pequeñas montañas que cierra el valle. Éste resulta tan atractivo que incluso antes de llegar al primero de los pueblos hemos olvidado el monótono zumbido de la autopista para sumergirnos en los ritmos del monte. Al entrar en Robledo llegamos en seguida a la iglesia. Enfrente sale una pista relativamente antigua que sube y rápidamente enlaza con otra mucho más moderna. Ésta nos lleva hacia el norte por Las Llanas, un nombre bastante curioso por la pronunciada cuesta que tenemos que superar antes de avistar la cuenca superior del arroyo de la Encubierta. Siempre en dirección nor-nordeste, la pista sube cómodamente a un collado justo al este del Pico de las Rozas (1612 m). Descansando aquí brevemente podemos empezar a apreciar la zona de la cumbre del Cirbanal al este, y el tramo siguiente de la ruta al norte. Los pastores de la trashumancia traen sus rebaños a estos montes cada verano, y mientras seguimos el camino empedrado que rodea la Peña de la Ermita por el oeste, podemos esperar escuchar las protestas de algún que otro mastín al tratar de cumplir con su deber. El empedrado sigue en una posición muy atractiva por encima del valle del arroyo de las Rozas, y pronto divisamos el macizo de Ubiña, hacia el noroeste, sin olvidarnos de las excelentes vistas en dirección suroeste hacia los Montes de León, en el límite entre la Babia y las Omañas. El camino termina en la majada de Cazurría, donde hay una cabaña y donde giramos al este-sureste para subir el valle del cubil y ganar el estrecho collado (1747 m) y una perspectiva del Negrón, la montaña que presta su nombre a los túneles que la atraviesan, y de la zona del puerto de Pajares. Desde el collado atacamos la ladera de la derecha (sur). Una senda nos ayuda al principio, pero después de unos minutos la abandonamos para ganar un punto justo encima del collado y a la vez al borde de un enorme hoyo, la Hoyas de las Puentes. Enfrente tenemos el Cirbanal, y hacia el noroeste la recompensa es un panorama muy completo del macizo de Ubiña. Merece la pena parar aquí tiempo suficiente para descifrarlo, una tarea nada difícil si llevamos con nosotros el mapa de Adrados. Luego, rodeando el hoyo por el este, llegamos a la cresta que conduce al Cirbanal. Seguir hacia la cresta propiamente dicha supone pasos de escalada, así que pasamos a la vertiente sur, donde una serie de estratos de roca rojiza nos guiarán hasta donde podemos subir más cómodamente a la cima. Las vistas son muy amplias: sur-suroeste, sobre los Barrios de Luna; oeste, hacia las cumbres de la Babia y Somiedo; noroeste, hacia el macizo de Ubiña; nor-noroeste, hacia la bahía de San Lorenzo y Gijón; nordeste, a los Picos de Europa, y este, al Pico Torres, encima del puerto de San Isidro. La bajada la emprendemos en dirección sureste para así ganar el Collado de Buéis, desde donde iniciamos el descenso por el cauce del arroyo Pincuejo. Es interesante durante este tramo del descenso observar la diferencia entre la vegetación a cada lado del arroyo. A la izquierda, donde el terreno es más ácido por culpa de las rocas cuarcitas de las que el Alto de la Silla se compone, los brezos predominan, a diferencia de la vegetación a la derecha, que crece sobre los suelos básicos de la caliza del Cirbanal. Cuando llegamos a la zona de pastos y el arroyo gira al sur tenemos que localizar en las paredes que cierran el valle hacia el sur una cueva y un enorme ojal. Obligatoriamente nuestra ruta pasa al lado de estas dos magníficas formaciones. El arroyo se mete por un impresionante cañón por donde no se puede pasar andando, pero del cual tenemos una vista de pájaro desde el viejo camino de ganado. Nada más pasar este tramo, el siglo XXI irrumpe de nuevo en nuestras vidas al llegar el camino a un estrecho collado (1477 m) que domina toda la zona de Las Caldas, autopista incluida. Sólo nos resta bajar hasta el pequeño pueblo de Las Caldas, donde en El Hotelito podremos saciar nuestra sed y, mejor aún, observar durante unos minutos una forma de vida completamente ajena a la furia de los coches y camiones que corren por la carretera. Este humilde establecimiento hace las veces de bar, tienda y centro social para los habitantes del pueblo, y a muchos de nosotros nos traerá recuerdos muy gratos de nuestra infancia.
Ésta es una descripción aproximada de la actividad a realizar, basada en la bibliografía que se cita a continuación. Puede haber alguna variación entre el recorrido aquí descrito y el que se efectúe al llevarla a cabo. La documentación necesaria para la confección de esta página se ha obtenido en el libro "Por la Cordillera Cantábrica" de Robin Walker (Ediciones Trea). Aunque ésta no se usa en ningún caso con fines lucrativos, si alguien se siente perjudicado por la difusión de la misma, rogamos nos lo comunique y la retiraremos de inmediato. |
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